recupera el control de tu vida

Recupera el control enfrentándote a tus dos grandes enemigos

Hace poco me preguntaban ¿por qué si estoy en casa y tengo todo el tiempo del mundo tengo la sensación de que no tengo tiempo para nada? Es algo que le pasa a mucha gente, sobre todo a las personas que no están acostumbradas a trabajar desde su hogar, que han perdido su rutina habitual y están rodeadas de tentaciones y distracciones.

Comienzas el día con una firme intención en la mente, con una lista de tareas o propósitos, pero sin saber cómo, de pronto estás haciendo otra cosa que no tiene nada que ver. Algo ha desviado tu atención hacia otra cosa, lo que has iniciado se queda ahí abandonado, a la espera, y eso es una fuente de estrés porque no has cumplido ante ti mismo, no has hecho lo que querías hacer.

Recuperas la concentración y te pones manos a la obra, y de pronto llega un whatsapp, un email, una llamada, un mensaje, alguna notificación o cualquier otra distracción que desvía tu atención. Llegas al final del día sin haber parado un momento y te preguntas ¿qué he hecho? La respuesta: apenas nada de lo que pretendía. Llegas al final del día exhausto sin una gota de energía con la sensación de que no estoy al mando de mi vida, y hablando de mandos…

El móvil se convierte en un mando a distancia a través de cual los demás hacen zapping con tu vida.

 

1. Nuestro enemigo Nº1 es la dispersión

 

La falta de enfoque y atención, que está bajo mínimos por las constantes interrupciones a las que estamos sometidos y al mal uso de la genial tecnología. ¿Qué o quién te está robando el tiempo y la energía? ¿Dónde va tu atención? A las redes, noticias, las series, las preocupaciones del futuro

Tenemos que reducir la dispersión, crear espacios sagrados para reducir el ruido y las distracciones a nuestro alrededor y gestionar mejor el tiempo. Cuando estamos estresados, agobiados o superados por la situación tenemos que crear espacios de control, espacios de tiempo específicos para desarrollar acciones concretas que nos permitan recuperar la disciplina, la concentración y productividad.

► El objetivo es vivir con más intención

Tener más claro lo que queremos hacer, planificarnos bien, hacer nuestra lista de tareas y prioridades y crear rutinas productivas. Definir qué cosas debes de hacer diariamente sí o sí que son beneficiosas para ti, que te ayuden a sentirte mejor, a tener más energía, enfoque y una sensación de control sobre tu vida. Eres tú quien está al mando de tu tiempo y tu vida.

Por eso tenemos que planificar nuestro tiempo, tanto si es para escuchar una conferencia interesante, para hacer algo concreto en casa, hacer deporte, activarte, para conectar con alguna persona con la que hacía tiempo que hablabas o para leer los libros que estaban pendientes. Solo entonces conectarás con algo más importante dentro de ti, con tu propia esencia, en vez de estar enfocado en todo lo exterior sobre el que no tienes ningún control. Solo así encontrarás la conexión contigo.

 

2. Enemigo Nº2: La autoexigencia personal

 

Si sientes que se te escapa el tiempo, que no haces lo suficiente, que no llegas a todo, relájate, no te pasa solo a ti. Estamos acostumbrados a vivir en esa vida a la carrera, como si vivir fuese una lista de tareas que nunca se acaba, donde siempre tenemos que hacer algo más, lograr algo más, alcanzar otra meta, otro objetivo, estar perfectos, en forma… Como si la vida fuese una competición sin pausa para la reflexión y en la que nos hemos convertido en un «hacer» humano.

Por momentos da la sensación que cuando dejamos de hacer, nos sentimos culpables porque no somos lo suficientemente productivos, que no hacemos lo suficiente para estar a la altura. Tal vez cuando no estamos tan activos tenemos demasiado tiempo para pensar y no nos gusta demasiado lo que escuchamos en nuestro interior. Puede que esa autoexigencia, el estar siempre ocupados, sea una forma de huir de nosotros mismos.

No te exijas tanto, no te fustigues, debemos tener un mayor nivel de comprensión y compasión con nosotros mismos. Procura tratarte como un buen amigo, con cariño, acéptate, suelta, para así  aprovechar la situación y convertirla en una fase de preparación, de aprendizaje y superación, y así reconstruirte interiormente.

 

► Deja de juzgarte y ser tan duro contigo mismo

Tenemos que aceptarnos y ser más compasivos con nosotros mismos. Nos estamos  aquí para demostrar nada a nadie más que a nosotros mismos; esto es cuestión de vencer a nuestra peor versión con una mejor, que también todos tenemos.

Busca maneras con las que puedas contribuir y ayudar a otros. Algunas personas piensan ¡yo no tengo nada para dar, no puedo contribuir! Por supuesto que todo el mundo puede hacerlo.

Puedes dar cariño, puedes dar tu atención, puedes escuchar a alguien que lo necesita, puedes dar palabras de ánimo, aportar una mayor energía, dar esperanza. Cuando haces eso, cuando das, cuando estás contribuyendo y procuras ser una influencia positiva en la vida de otros a su vez  eso es ayudarte a ti mismo; sales de ti y te olvidas de tus problemas, que ya es un regalo. Cuando procuras iluminar la vida de otro inevitablemente se ilumina la tuya, se reducen tus preocupaciones, eres más útil y tu vida cobras más sentido y te sientes más pleno.

Ponlo en práctica.

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1Comment
  • RAFAEL GIMENEZ
    Posted at 10:24h, 05 mayo Responder

    TOTALMENTE DE ACUERDO PERO EN MI VIDA HA PASAADO QUE HAY GENTE QUE NUNCA CAMBIA Y NO CAMBIARA SOLO ESTAN PARA RECIVIR TU LAS LLAMAS PERSONAS TOXICAS O QUE SE HACEN MAPAS MENTALES PERO BUENO…… ME HAS AYUDADO MUCHO EN ESTOS DOS PUNTOS UN SALUDO Y UN FUERTE ABRAZO RAFA.

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