vivir como inmortales

¿Qué valor tendría el tiempo si fuésemos inmortales?

Creo que esa es una buena pregunta que todos deberíamos hacernos. En mi caso, la respuesta fue apenas ninguno porque no tendríamos ninguna prisa, ninguna urgencia, ¿para qué si tenemos todo el tiempo del mundo por delante?.

1. Si fuésemos inmortales, difícilmente seríamos capaces de valorar la vida

 

La ciencia se empeña en alargar la vida y hacernos inmortales, pero creo que sería mejor si nos enseñase a disfrutar más de la vida que tenemos ahora, a disfrutar plenamente del presente. Si fuésemos inmortales, difícilmente seríamos capaces de valorar la vida. 

Solemos valorar en exceso aquello que nos falta, lo que deseamos y no tenemos. Sin embargo, la realidad es que el tiempo es el material del que está compuesta la vida y cuando lo perdemos, se nos escapa sin apenas darnos cuenta

Cuando somos más conscientes de nuestra impermanencia, de la intemporalidad de nuestra vida, somos capaces de apreciarla mucho más; valoramos los pequeños grandes momentos, aprendemos a apreciar situaciones cotidianas que de otra forma pasan inadvertidas.

 

2. Dejar de esperar a otro momento es abrir la puerta al presente

 

Cuando tenemos más presente que la cuenta atrás está en marcha (aunque no queramos verlo) es entonces cuando salimos de nosotros mismos, de nuestras preocupaciones y nuestro ensimismamiento. Por fin somos capaces de ver las cosas bellas que nos rodean, de apreciar la naturaleza, de sentir con mayor profundidad, sentirnos más presentes y conectados.

Dejar de esperar a otro momento, a ese supuesto futuro mejor, es abrir la puerta al presente. En vez de esperar a que las cosas sean de otra manera, comenzamos a centrarnos en el ahora y en apreciar lo que tenemos a nuestro alrededor.

► Una de las cosas más nos hace sufrir es la comparación a la que nos somete nuestra propia mente sin darnos cuenta

 

Esa comparación viene dada por las expectativas sobre cómo imaginamos que debería ser nuestra vida. Sentimos -pensamos- que la vida no está siendo como esperábamos, que no somos como realmente nos gustaría ser, o que no nos sentimos como nos gustaría (ver mapas mentales). 

Y así, a veces, parece que nos pasamos la vida esperando a vivir, esperando a que las condiciones de nuestra vida cuadren con nuestros deseos. De esa manera, con nuestras expectativas a veces desproporcionadas, convertimos el presente en un lugar peor, un lugar que queremos dejar atrás para poder llegar a ese prometedor futuro, a ese escenario ideal, convencidos de que allí, más adelante, seremos más felices

 

El entorno, el marketing, la hiperexposición de idílicas vidas y situaciones hace que magnifiquemos el impacto emocional que esos logros tendrán en nuestra vida. Pero la realidad es que inicialmente será una gran satisfacción, pero ese «chute» es como un perfume porque en poco tiempo su fragancia habrá desaparecido, y nuestro insaciable ego volverá a sentirse vacío, y querrá más y más, porque nunca tiene bastante.

No son las experiencias exteriores, ni las cosas las que colman nuestro espíritu o las que nos aportan un mayor sentido. Eso solo proviene de los cambios y las experiencias interiores, del descubrimiento y la evolución personal, de un mayor grado de conciencia, del agradecimiento, la aceptación, la contribución, de dejar de vivir a la espera y comenzar a estar y vivir más en el presente.

Tal vez por esa razón podemos ver a algunas personas que lo tienen todo y sufren como si no tuviesen nada más que un gran vacío lleno de cosas.

3. El tiempo es imparable y no se puede recuperar

 

Si somos capaces de asumir que se agota y que en realidad no sabemos cuándo tiempo nos queda, podremos realmente valorarlo como se merece. Eso no es ser negativo, sino todo lo contrario: reflexionar sobre ese aspecto de la vida puede tener consecuencias muy positivas en el modo en cómo vivimos.

Dejemos de contar el tiempo y hagamos que el tiempo cuente porque ésta, aquí y ahora, es tu vida.

La vida te está esperando es precisamente el título de mi nuevo libro que ojalá muy pronto esté en tus manos. Es una conmovedora historia a la que le he dedicado tres años, en la que a través de su protagonista -Sofía- espero que te encuentres, te remueva y te aporte una visión más profunda  de la vida.

Es un libro que puede revelarte cosas de ti que a lo mejor ni te habías dado cuenta hasta ahora. Una historia que te emocionará y aportará respuestas y comprensión a algunos de los dilemas de hoy en día.

Disfrútalo. Ya me contarás… Y si quieres, aquí <<puedes descargarte aquí el primer capítulo>>

 

2 Comments
  • Ana
    Posted at 10:32h, 28 octubre Responder

    Hola Javier,
    Creo que cuando vemos que tenemos mucho tiempo por delante suelen ocurrir dos cosas:
    Por un lado procrastinamos un poco más, al fin y al cabo tenemos tiempo; pero, al mismo tiempo, el saber que tenemos mucho tiempo por delante nos aleja de las prisas y nos permite más libertad para disfrutar el presente, no nos preocupamos tanto por el futuro pues, al fin y al cabo, sabemos que tendremos tiempo de cumplir con obligaciones.

    Ahora bien, dado que la vida no es infinita, no somos inmortales, creo que esto nos hace forzarnos a tomar mejores decisiones, a priorizar lo que realmente es importante para nosotros. Es decir, a optimizar nuestro tiempo, aunque no siempre nos salga bien.

  • ,Rosa
    Posted at 17:31h, 18 octubre Responder

    En repuesta a tu pregunta Javier. Si yo fuera inmortal…??!! Normalmente trabajo, la casa, familia, gimnasio, hobbys … y el día se ha ido, no queda tiempo para más , pero he saboreado mi día!!!!
    Ahora por ciertos motivos no estoy trabajando y saboreo aún más la vida a pesar de las circunstancias en que me encuentro a veces en mi día a día. No estoy de acuerdo, como ferviente lectora y admiradora tuya el saber que tienes vida por delante es un regalo, o no pensabas cuando teníamos menos edad que aún nos quedaba mucho por vivir y nos comíamos el mundo??!!

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