depresión

No es un tema fácil hablar de la depresión y sus motivos, ni es algo sobre lo que trivializar, porque son múltiples y pueden ser intensos, muy distintos y complejos. Esto es un simple artículo y no un libro ni un tratado sobre el tema, por lo que sólo me atrevo a dar unas pinceladas que puedan aportar algo de valor en este sentido.

Lo que sí es sorprendente es la facilidad con la que hoy en día muchas personas caen en la depresión, o cómo sin caer tan profundo se sumergen en espirales negativas y actitudes depresivas que llevan a la desesperación; trastornos de ánimo que pueden convertirse en una depresión.

3 elementos claves que causan la depresión y/o conflictos emocionales hoy en día

Entre otros muchos factores, hoy en día hay tres elementos que son causantes de la depresión y/o de numerosos conflictos emocionales:

1. Miedo al cambio: vivimos una época de enorme incertidumbre, sin embargo hemos sido educados para la seguridad y la estabilidad, y la falta de ello -unida a la volatilidad de las circunstancias, crisis, cambios del entorno que provocan dudas y miedo respecto al futuro– es la causa de numerosos conflictos emocionales, ansiedad y preocupación…

2. La historia que nos repetimos cada día: la historia que nos contamos y que nos repetimos cada día sobre nuestra vida, sobre nuestro pasado, las etiquetas que nos hemos puesto y creído. A veces, miramos al pasado para encontrar una justificación que lo explique todo y que sirva de excusa. Dicho de otro modo: intentamos aceptar ciertas situaciones debido a ese pasado en vez de mirar al futuro como una razón.

En ocasiones llegamos a convencernos de que nuestra historia es como un imborrable tatuaje que nos ha dejado marcados, llegando a convencernos de que nuestro pasado determina nuestro futuro, cuando en realidad es tan sólo una parte de nuestra experiencia; es lo que nosotros decidimos creer sobre ello lo que le da el sentido y el significado a nuestra pasado, y siempre podemos cambiarlo.

3. La comparación – los mapas mentales: por otro lado, a través de los medios, revistas y redes sociales estamos expuestos a maravillosas vidas perfectas e ideales, y a pesar de las posibles crisis y situaciones preocupantes, también nos aborda una gran exaltación simplificada de la positividad y una especie de obligación de tener que ser felices y mostrar nuestras maravillosas vidas en el escaparate de las redes sociales.

Ante este panorama, aunque no seamos consciente de ello, nuestro cerebro reacciona de la manera que sabe: comparando nuestra vida con la de los demás; con la maravillosa vida que se suponía que deberíamos tener a estas alturas de la historia, y en esa juego siempre salimos perdiendo, además de generarnos una sensación de frustración o fracaso.

Puede llegar una enfermedad, la pérdida del trabajo, de la pareja, del negocio, de un ser querido, una grave crisis económica y personal… los problemas van a estar ahí y van a aparecer cada cierto tiempo. Son parte de este juego al que llamamos vida y la gran diferencia entre las personas está en nuestra respuesta ante esos problemas, sobre cómo reaccionamos, cuánto tiempo dejamos que nos afecten, en la resiliencia y nuestra capacidad de volver a levantarnos más fuertes que antes.

En el caso de la depresión u otros trastornos emocionales el verdadero enemigo surge cuando nuestros pensamientos y nuestro enfoque están absolutamente centrados en el problema, en lo que está mal, en lo que nos falta y en lo que no funciona. Tal es así que aunque a nuestro alrededor puedan ocurrir cosas maravillas, siempre regresamos a nuestra particular cárcel invisible, llegando a ver la realidad absolutamente distorsionada, magnificándola  y exagerándola, convirtiendo esa distorsión en la percepción de nuestra realidad.

En esos momentos a veces llegamos al convencimiento de ser incapaces para cambiar las cosas, lo que puede llevarnos a un sentimiento de impotencia en el que nos creemos que somos el problema o de que no tiene solución, cuando en realidad siempre hay una salida, un cambio de percepción y podemos dar un nuevo significado a cualquier situación.

Algunos puntos clave para hacer frente a la depresión y/o conflicto emocional:

La realidad es que somos más grandes que cualquier situación o problema que hayamos sufrido o estemos pasando, y para ayudar a superar la depresión, una emoción limitante o un conflicto emocional aquí van algunos puntos clave:

– El primer paso es la comprensión: comprender de dónde nace y cuál es la causa del conflicto. Es difícil solucionar lo que no se comprende, y la comprensión alivia la mente y el corazón.

– Dejar de fustigarse: abandonar la culpa, tanto hacia algo, alguien, las circunstancias o hacia uno mismo. La culpa es negativa y daña aún más. Si te has caído a un agujero deja de cavar. En cambio, lo que sí es positivo y necesario es asumir la responsabilidad con entereza y aprender la lección.

– Dejar de mirar atrás y comienza a mirar hacia delante. No ver solamente las cosas como son, sino verlas como pueden llegar a ser. Hay que encontrar motivos, razones, nuevas ilusiones, crear una atractiva visión de lo que quieres hacer y hacia dónde queremos ir para tener un nuevo sentido de propósito y dirección.

– Aceptar la situación, porque sólo cuando la aceptamos, podemos cambiarla. Recuerda que no es resignación, sino un signo de fortaleza y madurez. La aceptación es necesaria para pasar página, dejar de mirar atrás y poder avanzar.

– Deja de compararte. La comparación es una genial manera de sentirse mal, por lo que deja de compararte con los demás, deja de juzgar tu situación y tus circunstancias con cómo se supone que deberían ser. No podemos cambiar el pasado, pero sí el presente y el futuro.

– Trabaja tu confianza y tu autoestima, tu desarrollo personal, lee, aprende más, porque todos tenemos un mayor potencial del que imaginamos. Potencial es la diferencia que hay entre lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Todos tenemos mucho margen de mejora y espacio para aprender y crecer.

El reto consiste en crear una fuerte identidad que realmente sea valerosa, una identidad de autorespeto, de aceptación, de aprecio hacia uno mismo, de confianza pero con humildad. Una identidad capaz de enfrentarse a lo que surja, una identidad que no sea tan vulnerable ante las circunstancias ni las opiniones de los demás, una identidad que merezca ser amada por uno mismo y así, también por los demás.

Si queremos un cambio a largo plazo, un cambio consistente, ese cambio sólo llegará si hay un cambio en nuestra identidad.

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Un comentario

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María Columna
06.12.2016 a las 23:02 Enlace Permanente

Gracias Javier, un resumen clarificador, sin embargo leyéndolo me venían al pensamiento todos los jóvenes, incluso adolescente, que casi no han tenido tiempo de tener una historia, que ya han nacido en tiempos de cambios y se instauran en un “desánimo”, muchas veces no detectado por su familia.

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