El antídoto que salva vidas | El blog de Javier Iriondo
El antídoto que salva vidas

El antídoto que salva vidas

El simple mordisco de una serpiente no mata a nadie, lo que te mata es el veneno que se expande por todo tu cuerpo. La ira y el odio funcionan igual, porque si permites que vivan en tu interior van afectado a todo tu sistema nervioso, a tus emociones, te hacen esclavo del dolor, hasta terminar destruyendo toda tu vida emocional con una increíble carga de tensión y dolor.

Lo que te mata es el veneno que permanece dentro de ti al no haber perdonado por cosas que sucedieron en algún momento de nuestra vida. Nos quedamos atascados en algún momento del pasado y seguimos manteniendo ese veneno en nuestras venas.

 

La clave de nuestra vida y de los sucesos que ocurren en ella es saber convertir eso que un día fue tóxico en un aprendizaje, en una gran lección de vida; porque siempre podemos aprender de todo. Podemos dedicarnos a compadecernos por lo sucedido o aprender y ser mejores gracias a lo sucedido.

Tenemos que aprender como reconvertir aquello que más daño causó -aquello que más nos hizo sufrir- en los mejores maestros de nuestra vida.

Cuando tomamos la decisión de convertir los problemas en nuestros maestros, éstos pierden peso, porque aprendemos que todo es temporal y que son lecciones que nos ayudan a mejorar.

Como decía el Dalai Lama, cuando pierdas, no pierdas la lección.

 

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4 Comments
  • ros mery
    Posted at 15:59h, 20 octubre Responder

    estoy totalmente contigo maria, creo que lo principal es perdonarse uno mismo, para poder perdonar a los demas. gracias por tu comentario

  • Ellheryt Laborde Gironella
    Posted at 02:37h, 20 octubre Responder

    Perdonar a quien sentimos o vivimos como que nos ha herido, lastimado u ofendido, muchas veces es mas la carga o el peso subjetivo que centramos en ello que la propia acción o intensión de hacernos daño de ese otro.. Beso Javier!

  • Txema Martín
    Posted at 11:17h, 19 octubre Responder

    Sólo cuando viví por primera vez la experiencia de perdonar, fue cuando comprendí que era yo el que conseguía liberarme del peso que arrastraba y arrastraba, cada vez más agotado.

    Empecé a experimentar la sanación de heridas que aunque llevaban mucho tiempo abiertas e infectadas, fueron curando y cicatrizando.

    Cuando las veo, tengo el recuerdo de lo que significaron y agradezco tener esas marcas, porque me recuerdan qué debo hacer y cómo gestionar mis emociones ante situaciones que en un pasado me intentaban enseñar, pero por no saber como manejarlas, acabaron haciéndome daño.

  • María Columna
    Posted at 09:29h, 19 octubre Responder

    Buenos días Javier, hace tiempo que no soy nadie para perdonar a otro Ser Humano, ya que creo firmemente que todos y cada uno hacemos en cada aquí y ahora lo mejor que sabemos hacer.
    Lo que aprendí es a perdonarMe cuando era consciente de que aquello que hice no lo había hecho desde el amor, si no desde el miedo y que en el ahora puedo cambiarlo. AL perdonarme me doy permiso para aprender de ello y cambiar el presente.
    Muchas gracias Javier, MUUAAAAAAAAA

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