Cómo combatir el perfeccionismo (y el coste que tiene) | El blog de Javier Iriondo
Cómo combatir el perfeccionismo

Cómo combatir el perfeccionismo (y el coste que tiene)

El perfeccionismo tiene unas terribles consecuencias en nuestra vida y en la de aquellos que nos rodean, porque también lo padecen aunque sea indirectamente.

1. ¿Qué es el perfeccionismo?

 

Ser perfeccionista no es la constante búsqueda de lo mejor, eso puede ser más bien la excelencia. En realidad, el perfeccionismo es una lacra que mayormente genera sufrimiento y una constante insatisfacción.

Puede que por un instante algo parezca ser o estar lo suficientemente bien, pero el perfeccionista siempre tiene la capacidad de encontrar algo que parece estar mal, algo que se puede mejorar, algún defecto, y nunca nada es o está lo suficientemente correcto. Esa actitud crítica genera una perpetua ansiedad, además de erosionar e irritar a todos los que están a su alrededor.

Absolutamente todos somos imperfectos, pero los medios nos venden día sí y día también lo contrario en muchos sentidos: el modelo de lo que debe ser el éxito, la imagen perfecta e impecable, cómo deberíamos aparentar, ser, pensar, y una interminable y cambiante moda acompañada de estándares imposibles de cumplir. Desgraciadamente nuestro cerebro, aunque no seamos conscientes de ello, siempre está haciendo sus comparaciones y eso nos acarrea unas no muy agradables consecuencias.

2. ¿Cómo dejar de sufrir tanto por ser perfeccionista?

 

Esa inconsciente necesidad de perfección hace que aunque logremos ese resultado deseado, casi al instante aparecerá algún defecto o algo mejor que nos impedirá disfrutar del presente. El perfeccionista siempre estará persiguiendo algo nuevo, algo más, y se perderá en una interminable y constante búsqueda sin fin.

La cura contra ese perfeccionismo es la aceptación, asumir que hay más formas, otras maneras; que las cosas no tienen que ser de una manera determinada y rígida, que hay belleza en la imperfección, que es otra forma de originalidad y de variedad.

Siempre es bueno mejorar; todos lo queremos en algún aspecto. Otra cosa es la obsesión por la perfección o peor aún: querer cambiar a los demás para que sean como crees que deberían ser, cuando nosotros mismos no somos cómo nos gustaría ser.

El antídoto: aceptación, flexibilidad y el desarrollo personal de uno mismo.

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1Comment
  • María Columna
    Posted at 13:10h, 21 septiembre Responder

    Buenos días Javier, mucho me ha tocado aprender con la lección del perfeccionismo, No se si conoces el eneagrama pues yo di en la diana del eneatipo del perfeccionista.
    Me di cuenta que la autoexigencia de siempre lo mejor, era un autosabotaje, jajaja.
    Y sobre todo, no buscar “fuera” lo que yo aún no he conseguido crear en mi interior, es decir, cuando yo “sea” ya no será necesario buscar, ya que lo reflejaré.
    Muchas gracias por tus reflexiones semanales que me recuerdan seguir estando pendiente.
    MUUUUAAAAAAAAAAAA

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